sábado, 29 de enero de 2011

DIOSES DE LA CIENCIA

Detalle de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel
ENTRE LOS DIOSES DE LA CIENCIA




Nebulosa planetaria Helix, conocida como El ojo de Dios
Vengo a inaugurar, con flamante y acaso adversa y disímil inscripción, una nueva entrada de este blog, sin duda más vuestro que mío, pues a tenor de vuestras demandas, recomendaciones y lecturas del mismo vengo a pergeñar esta o aquella iniciativa como la que ahora me ocupa. De esta singular antología deducida del título aparentemente asaz paradójico, me parece que no se hace sino dar cuenta del signo en el la peculiar controversia Dios versus Ciencia se ha instalado no sólo en el corazón mismo de la visión teológica y científica del mundo, también en el corazón mismo de la cultura que informa cualquier iniciativa de conocimiento, sobre todo en virtud del nacimiento y asentamiento del positivismo lógico, el cual echó vigorosas y profundas raíces en el discurso gnoseológico y epistemólogico.
Dispuesto ya en esta antífrasis, ruego no infieran sarcasmo e ironía en sus intenciones, si bien,tal vez sea muy recomendable (e inconscientemente inevitable, dado mi carácter poco proclive a las exageraciones y extremismos), un cierto grado de sana bizarría y mordaz atiscismo con el que quitar algún "hierro" a tan ardorosa cuando no intransigente defensa en favor o en contra de tan frontal (y veremos si razonablemente) contrapuestas posiciones. Muy bien pudieran no estar tan enfrentadas, sobre todo si miramos atentamente la naturaleza de tan larga y beligerante controversia.
Anuncio ya, que en la próxima entrada, en realidad será la primera que entre ya con garantías de interés en la materia, confrontaremos a dos gigantes del pensamiento y de la ciencia, aun (no puedo dar certidumbre de esto) de no haberse conocido, a saber: Stephen Hawking versus Jean Guitton. Hasta entonces, que creo no será mucho tiempo, "hagan boca" para tan fascinante (dialéctico) enfrentamiento.

                                                                                                      Francisco Acuyo

martes, 25 de enero de 2011

DIEGO JESÚS JIMÉNEZ: POESÍA INVITADA



Aquellas tardes de amistad y poesía con Diego Jesús Jiménez permanecen intactas en el corazón y la memoria de todos los que tuvimos la fortuna de compartirlas. Tras la lectura de sus poemas y, siempre en fraternal y entretenida charla, pasábamos las más de las veces aprendiendo, si en verdad fue para nosotros maestro en ciencia y vida, de todo aquello que nos hace comunes en tanto que personas asendereadas por el trajín de lo cotidiano o la excepcionalidad del impulso creativo. Queden aquí estas sentidas líneas, imágenes entrañables y versos para nosotros del todo inestimables en este humilde pero más que merecido, y necesario homenaje para nuestro espíritu a su extraordinaria persona y no menos excepcional poesía.


Con Rafael Juárez, Mª Victoria Atencia,
Antonio Carvajal y Jesús Munárriz






BIO-BIBLIOGRAFÍA




Diego Jesús Jiménez nació en Madrid en 1942. Estudia en Barcelona el bachillerato ye en cuenca el preuniversitario e inicia su carrera poética y literaria en la ciudad de Cuenca. En Madrid, posteriormente, estudia periodismo. Fue fundador de la revista Alfa en los años setenta mientras trabajaba en la Editora Nacional, de la que fue despedido por su defensa de las libertadas durante la transición democrática.  Se dedica a la poesía y la pintura plenamente desde  el año 1982 . Publica entre otros los libros siguientes: "Grito con carne y lluvia",  (1961),  "La valija" (1962), "Ámbitos de entonces"  (1963). "La ciudad" "Premio Adonais"  (1964);  por "Coro de ánimas" , "Premio Nacional de Poesía" (1968), Bajorrelieve"  "Premio Juan Ramón Jiménez" (1990), ""Itinerario para náufragos"(1997) " Premio Jaime Gil de Biedma", "Premio de la Crítica" y nuevamente "Premio Nacional de Poesía. Fallece en septiembre de 2009.




POÉTICA




Me pareció oportuno colocar como visión de su poética algunos fragmentos de una entrevista en el año 2008.


—Numerosos poetas cuentan de sus inicios poéticos que no fue tanto buscar la poesía como que ésta los encontrara a ellos. ¿Qué tiene de inevitable la poesía? ¿Cómo se produjo en su caso ese encuentro?

—En un principio empiezas a escribir por que la gente te quiera, te admire, estas cosas que son inmediatamente olvidadas cuando te das cuenta de que la escritura es otra cosa y que no se trata de eso; quieres expresar alguna emoción que permanezca un poco en el tiempo y, entonces, escribes y es algo inevitable. No se escribe adrede un poema sino que llega un momento en el que se dan ciertas condiciones con las que notas que quieres expresar algo con intención de que permanezca en el tiempo, y comienzas a escribirlo. Yo he tenido la impresión de ser, en cierto modo, ‘medium’ entre lo que se llama poesía y el papel en blanco. Tengo a veces esa sensación de estar entre las dos cosas.
—La palabra es la herramienta, la base de las construcciones literarias. ¿Cómo hay que acercarse a ella?
—El poeta lo que necesita son palabras vividas, no cualquier palabra, Las palabras deben ser palabras vividas por ti. Me ha sucedido un caso muy curioso con un poema que estoy haciendo de mi época de Barcelona. Hay un momento en que necesito palabras catalanas… manda la cosa narices.
—¿Porque es el contexto lingüístico en que vivió aquella experiencia?
—¡Claro! Porque ese sonido no me lo da otra cosa que aquella palabra. Necesitas tus palabras, esas con las que has convivido. Somos lenguaje, no somos otra cosa, y aquello que tú eres es lo que surge luego en el poema: la palabra, el vocabulario, las imágenes en las que tú consistes. Muchas veces no eres consciente de esto hasta que no sucede el poema.
—Tanto en su poética como en el principio de esta conversación ha hecho usted mención al tiempo y la perdurabilidad. ¿Cómo una lucha contra la fugacidad el mismo tiempo?
—Vamos a ver… vamos a desaparecer todos, esto… es relativo; puedes durar unos años más después de tu muerte porque alguien lea el poema y le gusta, pero nada más, eso se acabará. Llegará un momento en que ni poesía ni historia; según vamos en el mundo en que estamos…
—¿Cree usted que la poesía está abocada a la muerte? Es que si esto es así, ya lleva con los estertores…
—Sí, claro, lleva siglos. Tal vez se explique porque el lector es también creador. Todo aquello que escribimos atraviesa el centro de la memoria, del mundo y las cosas que cada uno tiene. Y crea. Puede hacer una lectura muy similar a la de otra persona, pero difieren. La lectura es siempre un acto muy personal. Al arte se asiste; si el arte no dijera todo lo mismo, lo podríamos contar: podríamos contar el llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías… y eso es un disparate. Podríamos contar las Meninas de Velázquez, o la música… una sinfonía de Beethoven… nos tomarían por locos. El arte nos va a decir siempre algo muy personal porque es nuestra la lectura que estamos haciendo del texto y nos capacita para volver a imaginarlo.
—Dice que el lector, al leer el texto, se hace dueño del poema, lo vivifica y vuelve a crear. ¿Cómo animar a quienes no tienen hábito de lectura poética, a los jóvenes que tienen por descubrir la poesía?
—Hay que leer. Hay que leer mucho. En alguna ocasión me comentan los profesores: “estos chicos es que no leen”. Yo les respondo “hazles escribir”. Cuanto tengan que expresar algo y vean en el mundo en que se meten escribiendo quizá les dé por mirar algo. Yo creo que es bueno escribir para aficionar a la lectura. Si yo fuera profesor pondría redacciones todos los días.

(Artes poéticas, recopilación de artes poéticas en castellano, s.XX, Entrevista 2008)



POEMAS





 EL SILENCIO



¿Dónde podré esconderme 
si no es ahí, en estas 
palabras de amor?
                                    Ante vosotras, 
hijas del turbio hospicio 
de mi alma -mis dóciles 
doncellas-, llora mi desconsuelo. 
Yo les escribo
a las pequeñas manchas de tinta 
de tus manos, como si fuesen
                                                   cartas que debo 
contestar en la noche. Toco el falso 
disfraz, el picaporte 
de tu oscuro colegio; en él 
suena mi vida, discurre 
como un río mi vida.
                                       Llega ya el príncipe 
de tus libros azules, sobrevuelan las hadas 
que te ocultan y encienden. En tu cuello alargado 
se oscurecen mis sueños, tus caderas sin nadie
me preguntan; ya llegan 
como calientes besos, como nubes lejanas 
tus rodillas; me bendice tu sombra 
clandestina. ¿Dónde
                                         están tus ojos, 
que a todo respondían?
Entonces
eran tus pechos nidos, eran pequeños pájaros 
sin vuelo; eran llanuras, pueblos 
deshabitados, llaves 
de pequeñas iglesias, de alacenas 
vacías.
Hoy,
que el deseo se cumple, este 
negro silencio de la noche nieva 
en el alma, nieva 
sobre la oscuridad;
                                       como la lumbre 
de los romeros o de las aliagas, yo oigo 
tus calladas respuestas.

                               De "Coro de ánimas" 1968






FIESTA EN LA OSCURIDAD




     Arrodillado ante tu cuerpo. ¡Oh tú!, verdad hecha de flores, apacible paisaje
de reyes y criados dando caza
sobre el jarrón vacío del recuerdo a ciervos encantados
bajo un ciclo de nubes en jauría
y sin paz. Y así la imagen
del séquito encendiéndose
en el fondo del ojo del animal que ha muerto. Brillan las armaduras de los guerreros
que regresan; se oyen en su mirada
los cascos del caballo que cruza
y el frío del relincho. Rocío de la noche, 
sueño que me ha olvidado, eres, imaginada por mi lengua, nacida en el inmenso 
nublo de la memoria. Álzase en el concierto de los aires y en la luz hecha música. 
Inventada apareces, ¡oh tú!, espejo de las sombras, oscuridad de invierno, 
pájaro de las corrientes dibujado en el agua. Hace tiempo 
matáronme. La imagen de la muerte 
reposa hoy en tus ojos. Sueña
el laúd en la alfombra de la noche, olvidado.
     Beso tu corta edad; subo la falda aquella de la infancia, 
llora el deseo crecido en la niñez. Allá sobre el más hondo 
dolor de haber vivido, yo te amo. Mientras, la luna entre los árboles 
quema su sueño en libertad. Como un nido el deseo se sostiene en la cumbre 
de un desnudo dichoso. Otros días
anduve entre las sábanas de la prostitución, donde se acepta nuestro beso
como negocio, no
como naufragio.
                                    Y cae la tarde, y en los ojos del ciervo 
las estrellas se olvidan. Cuántos
cuerpos que me despreciaron, desde el tuyo me aman. ¡Oh!, cuántos 
rostros y pechos y desnudos
nacen de ti, silenciosa y oculta, fiesta en la oscuridad, flor que ha crecido 
sin juventud, y yace
sobre la tumba de su arena, como un dios inventado.
                                                                                                            Sobre el jardín 
cae la lluvia incendiándose. Tras el disfraz de su linaje 
monta el rey en las hembras 
de los labriegos. Cruzan las águilas baldías
del corazón, la cumbre de la sangre. Rara es la complacencia de esta orgía
donde la servidumbre asciende, humillada entre risas 
de licor medieval; movidos por los hilos del alcohol, amenazados 
por la navaja del destino, bufones de este reino, donde tan sólo somos los residuos 
de una hoguera apagada.
                                                   Mira nuestros desnudos, ese 
reflejo de oro de nuestra pobreza, ardiendo en la mirada de cristal, tendido 
                                                                                                        [en los profundos bosques 
de los ojos del ciervo que, hace años, mataron. Tu cuerpo es residencia 
y es hogar de otros cuerpos. Sobre tu espalda crecen los milagros, vienen 
a beber de mi sed otras espaldas. ¡Oh! mira, ésa de hombros tranquilos, llena de soledad 
y de humildad, o esa
que respira en asombro, derribada y gentil; o aquella de 
vuelo moreno como el del halcón; o esa otra de ahí , amiga de la noche, 
que no tiene nombre, sino precio; o la que se arrodilla cuando ama, esa 
que nace del olvido y ya tiembla
de amor. En tu cuello indefenso aún vive 
toda la adolescencia y la inocencia 
de aquellos días. Cárcel
y hospital es la luz para los sentidos. La claridad destiñe a la materia; envilece el sonido 
de las palabras, quema las sombras, desvanece el recinto de los sueños 
y el lecho donde amaban.
     En qué perdido paraíso, sobre qué antiguas nubes
rezan por ti mis ángeles. Qué negras alas llevan 
mi cerebro a tu cuerpo. En los altares de la carne cumplen 
el dolor y la vida. Apaga tú esa noche, esa 
que en la mentira crece, que fermenta en la nieve 
del desdén y el olvido. Bajo las cumbres de la tarde 
bajo esa luz que, por un momento, da color de azafrán 
a la senda y al monte, la libertad nos mira 
con sus ojos vacíos. Parece que no fuera 
a cerrarlos jamás.




                                                     De "Fiesta en la oscuridad" 1976






POÉTICA


                                                                           A Luis García Jambrina

I. Las gotas de rocío...


     Las gotas de rocío
caían por los pétalos de la flor del acanto; con ellas resbalaba
la imagen de los cielos. Penetrar el palacio
cerrado de las cosas; contemplarnos a solas
en sus rotos espejos; seguir con la mirada el curso de los astros
en el fondo, infinito, de las aguas de un río.
                              Vivir el movimiento que habita las palabras,
conocer la apariencia, amar la soledad
de los frutos caídos y que, ahora,
con la luz de la tarde
desvelan el pasado en las ruinas del tiempo.

Las mañanas nevadas congelan con su música el viento del invierno.
                                               Las gotas de rocío
la hierba del jardín. Oyes a tu memoria
las cosas, entregarte palabras encendidas
que la muerte construye. Nunca edificarás
un poema con ellas.
                                        Sólo esperas, vencido,
a que la noche incendie los helados colores de la tarde
con sus llamas de sombra.



II. La niebla que contemplas en los ojos del corzo...



La niebla que contemplas en los ojos del corzo
que acaba de morir; la sangre de la ortiga
que habita los aromas que descienden del monte; la imagen de la alondra,
su trino, blanco y seco, reflejado en la nieve que enciende tu recuerdo;
la fragancia del prado dibujada sin límite.
                                                 Has de mezclarlo todo, de tal forma
que cuando el gallo de la amanecida cante
macere con su grito incendiado de luces
tal locura de amor.

                                    Hallarás junto al valle de tu cansado reino
los más frondosos bosques: descabalga y penetra su castillo de sombras.
Junto al foso en que crece el clamor del enebro
se empaña la mirada que presienten tus ojos
y jamás han de ver.
                                        Debes cortar los pétalos, no de la flor
sino de su reflejo, al rubor de la orquídea que habita los arroyos
y obtener la fragancia de la flor de la escarcha
que sueña en el silencio recóndito del bosque.
Has llegado al lugar
donde crecen las flores, mas la flor invisible que en la brisa germina
huirá con tu presencia.
Debes, con todo, construir un altar y encender su perfume; pues su luz es la única
que hará hervir las imágenes que componen el séquito
del filtro que te ofrezco.
Da a respirar sus brumas. Más no sufras si adviertes
que has perdido tu vida; que has cortado
del recinto de sombras que te habitan -sin obtener amor-
sus flores más hermosas. Piensa
que los sueños no ofrecen
mayor utilidad a su belleza efímera.



III. Y le llamas poema...


Y le llamas poema 
al placer de la mente de obtener de las cosas
un lenguaje preciso que destruya,
con el fermento de sus signos, las leyes
que edifica la muerte.
Mas al dar forma a tu espíritu, le ofreces
una mayor zozobra a tu existencia.
                                                                           Y le llamas poema
a cuanto, sin pasión, representa el deseo
sobre los límites de la incertidumbre.



IV. Entornar la mirada...


Entornar la mirada
hasta ver lo impensable, es crear.



                                                    De "Itinerario para naúfragos" 1997





OFICIO DE VERANO


                                                                        A Francisco Fernández



Al borde del estanque se apresura
por derramar un pájaro su idioma;
roza a las flores, sufre con su aroma
la levedad de ser substancia pura.

Inclínase la flor en la amargura
de ser sólo el reflejo al que se asoma;
agua, por fin, que del estanque toma
sólo la soledad de su agua obscura.

En negras transparencias y humedades
por sonidos y sombras dibujadas
brilla fa luz de un pájaro en su vuelo;

luz que en la tarde rompe las verdades
de la flor en el agua reflejadas
al deshacer su imagen y su cielo.







De "Itinerario para naúfragos" 1997








lunes, 24 de enero de 2011

ROSAURA ÁLVAREZ: POETA INVITADA


Hablar de Rosaura Álvarez, es decir de una amistad que dura ya tantos años y que afecta a persona tan exquisita en el tratamiento de su arte (poética y pictórica) como en lo entrañable y fraternal de su trato personal, que cabría decir sin duda innumerables cosas, las cuales, sinceramente, no creo que pudieran colmar ni por asomo tantos y estrechos argumentos que pudieran justificar ya tan larga amistad. Tantas veces en tantos eventos literarios y poéticos compartidos dan fe de gustos y de amistades comunes (Elena Martín Vivaldi, José Espada, Antonio Carvajal, Manuel García....) que nos identifican y nos unen con vínculos aún más estrechos si cabe. Sea esta una ocasión más para dar fe de lo que la buena poesía y la verdadera amistad procura.




BIO-BIBLIOGRAFÍA



Nace en Granada, lugar donde reside. Es licenciada en  Historia y en Ciencias de la Educación. Realiza estudios de Música, Pintura y Grabado. Exposiciones hasta 1982. En 1984 comienza su actividad literaria.  Ha ejercido como profesora de Hª del Arte. Su obra poética está traducida al francés, inglés  chino y  polaco, ha sido estudiada por  especialistas en poesía de mujer  como Biruté Ciplijauskaité y Sharon Keefe Ugalde, entre otros. Es premio Internacional de Poesía “Antonio Machado en Baeza”. Es miembro de número de  la Academia de Buenas Letras de Granada.  Colabora con la Cátedra García Lorca de la Universidad de Granada, el Centro Andaluz de las Letras,  el Ministerio de Cultura y el de Educación y Ciencia.  Ha publicado varios ensayos  y  los siguientes poemarios: Hablo y anochece (Granada, 1986), De aquellos fuegos sagrados (Granada, 1988, 2ª edición 2008), Diálogo de Afrodita (en tres tiempos) (Madrid, 1994), El vino de las horas (Valladolid, 1998), Intimidades (Córdoba, 2001), Cármenes, Charms, Charmes, (Antología trilingüe) (Granada, 2005), Alrededor de la palabra (Salobreña, 2005), El áspid, la manzana ( Madrid, 2006), Alter ego (Sevilla, 2008).


Con el poeta Antonio Carvajal




POÉTICA


En el quehacer poético, la vivencia del propio existir se transfiere a la “conciencia” del objeto artístico en un total olvido de sí misma.
Mas para explicar la epifanía poética nada nos vale. Por más que se intente desocultar la palabra o la elocuencia del silencio. Una y mil veces repito: “no me sé”; “reina la pura sombra”. Nos acercamos al ámbito de la poiesis, ámbito entre lo humano y lo divino donde los límites son ilimitados. En este ámbito, la palabra al mismo tiempo que desvela encubre ¿Acaso no es la retórica velo para encubrir lo evidente y transparentar lo innominable? [...] Primordial en el creador es escuchar su peso metafísico, el ritmo del corazón, y purificar cada día en inocencia el eje perdido: esencial instinto de contemplación, de pasmo hacia su propio ser y hacia el fluir de la belleza cósmica. [...] La creación poética no es un acto individual –con serlo-. Existe un diálogo colectivo –tesoro inmemorial- que aporta imágenes desconocidas a veces para el propio autor; es la sabiduría de siglos a disposición del artista, es la universalidad de la poesía, a la que cada poeta sólo aporta un vagido en el inmenso sagrado espacio de la Palabra.

(Reina la pura sombra,  revista Salina, num. 19, noviembre, 2005, universidad de Tarragona)


Con el novelista Francisco Silvera



POEMAS




TAPIZ DE GOBELINOS




Así como en el tapiz
de Gobelinos se sueña,
dispone, traza, con sumo
artificio, alta delicia
de la mente, los sentidos:
escena, composición,
coloraturas, y, luego,
del bello cartón pintado,
en alto lizo la urdimbre,
con punto el más elegante,
material más suntuoso:
lino, seda, plata, oro,
granates, verdes, turquíes;
allí la venus, aquí
racimos, allá los grifos...,
y a la postre, concluido,
manos, ojos, corazón
embalsaman como campo
de alhucemas. Así mi alma
con su verbo urde, arde,
por tejer con cada gesto
mayestático tapiz
de mi contumaz delirio.

                 ( El vino de las horas)




ORACIÓN





 
Juan de Yepes, otórgame la voz,
el nombre puro.
El nombre que me engendre
y a luz me dé en cada instante;
y sea yo, sin tiempo,
verbo recién nacido.
                                   Aquel
que, balbuciente, sólo muestra
albada cinta de luz
-cordón umbilical -
para enlazarme con el cosmos.


( El áspid, la manzana)



PINTURA

                    

Contad, vosotros, el tremor ardido,
fluir secreto de pincel o yema
que textura viviente os otorga.
Este palpar de ciego por la sangre
color y dedo exacto, el desvaído
matiz de la dulzura.

Contad, vosotros, la expresión oculta
-desdibujada efigie mía,
en el duelo esencial  de no saberme-.

Cómo luego, tras mutua entrega
-en la noche del símbolo perfecto-,
es belleza emergida del abrazo
vuestra vida sin fin,
la claridad insólita de vuestro ser,
desasido a la postre
de mi mano,
                     mi alma.


                              (Alter ego)



 CARTA




Besando estoy de ti aquel volar,
pluma que hacía en signos matizados
de ternura, que dagas de primor
iba clavando en lino de mi seno.

Dibujo era de tu luna
en huerto, de tu azarbe claro,
de tu irisada seda,
si alevillas de insomnio levitaban
del pecho los sentires,
y en dádivas cedías
-con levísimo roce-
calmo color, calor
de cielo tatuado,
sobre el  papel que,
                                  luego,
como magnolia me ofrendabas.

(Diálogo de Afrodita)

                                   

TIEMPO RECOBRADO





Adentrarme por Rilke o Garcilaso
en liturgia solemne para el arte.
Y quedar prosternada, sin saber;
mas consagrado el tiempo detenido
en que mi lastre con su verbo muere.

(El áspid, la manzana)


  PASEO




Entré por los Adarves:
el alma temblorosa,
moroso el paso  en el recuerdo.
Y desanduve frondas
de fruición compartida.
Atardecían ámbar los cipreses
y cantó el agua: “era mentira”;
mas qué verdad
mi corazón ardido.

(Inédito)


domingo, 23 de enero de 2011

JOSÉ HIERRO: LA POESÍA INVITADA


Aún se mantiene viva (y de esto debe hacer ya doce o catorce años) la imagen adusta de Pepe Hierro en mi memoria, en la Facultad de Letras, conversando con nosotros, previa intervención suya en no recuerdo bien qué acto de conciliación poética, sobre el concepto (del todo inasible e inefable para él) de poesía, y de su trascendencia en el devenir de su personal y vital trayectoria humana. Nunca fue amigo de definiciones aplicadas al impulso creativo (¿enigmático?) capaz de generar el milagro poético. No creo que fuese porque no pudiese aplicar teorías y poéticas del más diverso linaje, y propicias genealogías e ingeniosas interpretaciones, sino porque él mismo, a mi modesto entender, vivió plenamente en el ámbito no menos vital cual es el de la verdadera poesía. Como tal vívido dinámico ejercicio, era impensable cualquier modo de disección de su materia viva para análisis sobre lo que, todavía palpitante y generador a su vez de vida nueva, entre sus manos se ofrecía como nutriente dinámico e incitador de belleza y de más vida. No he podido resistirme a entregar a esta bitácora este recuerdo imborrable, si es que el Hemisferio infinito que os ofrezco pretende hablar y dar muestras auténticas de lo que la poesía significa y contempla a lo largo de mi modesto devenir existencial. Queden aquí pues, como muestra de mi reconocimiento y entrega a la persona y la poesía de José Hierro.





NOTA BIO-BIBLIOGRÁFICA



José Hierro nació en Madrid en 1922. Se le considera uno de los poetas más significativos de la «Generación del medio siglo», cuya poesía contiene rasgos sociales basados en la experiencia de «Niño de la guerra». Ni que decir tiene que es considerado como uno de los poetas más importantes de la poesía en español del siglo XX. Sus actividades clandestinas le llevaron a la cárcel en 1939 por pertenecer a una "organización de ayuda a los presos políticos". Fue liberado en 1942. Desempeñó oficios de la más diversa índole. Fue un excelente crítico de arte. Finalmente se instala en Madrid hasta el fin de su vida, en diciembre de 2002. Fue Premio Adonais 1947, Premio Nacional de Literatura 1953, Premio Nacional de la Crítica 1957, Premio March de Poesía en 1959, Premio Príncipe de Asturias en 1981, Premio Nacional de las Letras Españolas en 1990, Premio Reina Sofía 1995, Premio Europeo de Literatura Aristeión 1999, Premio Cervantes de las Letras 1999, Doctor Honoris Causa de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo 1995, Miembro de la Real Academia de la Lengua desde 1999. En 2002 fue nombrado "Doctor Honoris causa" por la Universidad de Turín. Entre sus obras se encuentran: Alegría, 1947 (Premio Adonáis 1947), Tierra sin nosotros, (1947), Con las piedras, con el viento, (1950), Quinta del 42, (1952), Estatuas yacentes, (1955), Cuanto sé de mí, (1957 Premio de la Crítica), Libro de las alucinaciones, (1964, Premio de la Crítica), Problemas del análisis del lenguaje moral (1970),Emblemas neurorradiológicos (1995), Sonetos, (1995), Cuaderno de Nueva York, (1998, Premio Nacional de Literatura), Guardados en la sombra, (2002).







POÉTICA



Con Vicente Aleixandre y Concha Lagos
Como adelantaba al inicio, José Hierro, no gustó de explicar el fuego con que trabaja (que diría Lorca) en la creación del poema; no obstante, de su experiencia vital y del acerbo signo que habría de marcar sus inicios literarios, y de las desoladas claves donde más que arraigar se desarraiga su poesía, no ceja de contemplar el impulso creativo que empuja en su versos, como el instrumento de solidaridad necesario para hacer más habitable el mundo, hace esto de su obra una poesía social nada al uso que le instiga a indagar por cauces nuevos en pos de formas distintas de expresión y consideración poéticas, las cuales le llevaran a la obtención de la voz personal, originalísima que le caracteriza. Es pues, deducible de su obra, una poética que debe entroncar con las fuentes más vitales de la poesía en nuestra lengua, donde su lenguaje, racional o irracional, vive por y para la poesía, si esta es una de las muestras más genuinas de la belleza y por tanto de lo más elevado de cualquier experiencia existencial.



POEMAS





EL BUEN MOMENTO



Aquel momento que flota
nos toca de su misterio.
Tendremos siempre el presente
roto por aquel momento.

Toca la vida sus palmas
y tañe sus instrumentos.
Acaso encienda su música
sólo para que olvidemos.


Pero hay cosas que no mueren
y otras que nunca vivieron
y las hay que llenan todo
nuestro universo.

Y no es posible librarse
de su recuerdo.




De "Alegría" 1947



DESTINO ALEGRE



Nos han abandonado en medio del camino.
Entre la luz íbamos ciegos.
Somos aves de paso, nubes altas de estío,
vagabundos eternos.
Mala gente que pasa cantando por los campos.
Aunque el camino es áspero y son duros los tiempos,
cantamos con el alma. Y no hay un hombre solo
que comprenda la viva razón del canto nuestro.


Vivimos y morimos muertes y vidas de otros.
Sobre nuestras espaldas pesan mucho los muertos.
Su hondo grito nos pide que muramos un poco,
como murieron todos ellos,
que vivamos deprisa, quemando locamente
la vida que ellos no vivieron.

Ríos furiosos, ríos turbios, ríos veloces,
(Pero nadie nos mide lo hondo, sino lo estrecho.)
Mordemos las orillas, derribamos los puentes.
Dicen que vamos ciegos.

Pero vivimos. Llevan nuestras ,aguas la esencia
de las muertes y vidas de vivos y de muertos.
Ya veis si es bien alegre saber a ciencia cierta
que hemos nacido para esto.



De "Tierra sin nosotros" 1947



CORAZÓN QUE HIERE



Corazón que te hieren
con una rama verde.

Llegó a mi lado. Era
el momento más fuerte
que el recuerdo. Es hoy todo
inolvidable. El verde
de los álamos es
vida. Los cielos tienen
azul de amor sereno
que aún ignora la muerte.

Llega a mi lado. Trae
una rama. (Parece
la verde primavera
que entre sus manos duerme.)
Oh, qué felicidad.
Las brisas, cómo mecen.
Ella saca a las flores
de su encanto silvestre.
Ella toca de gracia
el áspero presente.

Llega a mi lado. Trae
una rama. (Se mueve
irreal: su elemento
es la música. Viene
quebrando los silencios
maravillosamente. )

Entre sus manos es
la rama una serpiente
de luz, un río frágil,
bandera transparente
que pone en este ensueño
su alegría evidente.
(Por la rama comprendo
que estamos vivos. Este
instante no es un sueño
que pasa y no nos mueve.)
Es un látigo frágil,
una llama en que beben
nuestros ojos.

¿Por qué
la ceñiste a mis sienes
como si fuera el único
dios a quien perteneces?
¡Por qué te he preguntado
si ceñiste otras sienes!

Corazón, te han herido
con una rama verde.

De "Con las piedras, con el viento" 1950





DOS FÁBULAS PARA TIEMPOS SOMBRÍOS


 Segunda fábula (El amor)

1. Génesis



En el principio era el amor.
Cuando el alba buscaba un dueño.
Cuando todas las criaturas
llevaban sus cuerpos desiertos.


En el principio era el amor.
En todo tenía su reino.
La noche entera era el latido
de tan hondo enamoramiento.


El amor y las almas, juntos
fueron creando el Universo.
Las almas fueron su metal.
El amor su mágico fuego.


En el principio era el amor.
Los cuerpos estaban desiertos,
y cada cuerpo buscó un alma
que lo tuviera prisionero.


Para el cuerpo, recién nacido
de la noche, todo fue nuevo.
Ignoró, por no entristecerse,
que el alma tenía recuerdos.

En el principio era el amor.



2. Sin saberlo



Con Francisco Ayala
Alguna vez, un alma halló
el alma que la completaba.
Cuando los cuerpos se tuvieron,
olvidaron que había alma.


No llegaron a lo que dura,
y gozaron de lo que pasa.
Luego se fueron, dividieron
el caudal de su única agua.

3. Segundo amor


En el principio era el amor.
Sin el amor nada existía.
El alma que una vez amó,
nunca jamás se apagaría.
Volver a amar era intentar
tornar al punto de partida,
apresar humo, tocar cielos,
poseer la luz infinita.
Volver a amar era querer
revivir las flores marchitas.
Era escuchar la voz del alma
que llamaba al alma perdida.
Volver a amar era llorar
por la dicha desvanecida.
Era encontrar con quien partir
el pan y el vino de otros días.
Pero -de sobra lo sabemos-
sólo una vez se ama en la vida.
Volver a amar, es evocar
el amor que colmó la dicha.
Es, sin querer, hacer sufrir.
Sentir la rueda detenida.
Que si el espejo sufre, es porque
la vieja imagen está viva.
En el principio era el amor.

De "Con las piedras, con el viento" 1950



CAE EL SOL


 Perdóname. No volverá a ocurrir.
Ahora quisiera
meditar, recogerme, olvidar: ser
hoja de olvido y soledad.
Hubiera sido necesario el viento
que esparce las escamas del otoño
con rumor y color.
Hubiera sido necesario el viento.


Hablo con humildad,
con la desilusión, la gratitud
de quien vivió de la limosna de la vida.
Con la tristeza de quien busca
una pobre verdad en que apoyarse y descansar.
La limosna fue hermosa -seres, sueños, sucesos, amor-,
don gratuito, porque nada merecí.
¡Y la verdad! ¡Y la verdad!
Buscada a golpes, en los seres,
hiriéndolos e hiriéndome;
hurgada en las palabras;
cavada en lo profundo de los hechos
-mínimos, gigantescos, qué más da:
después de todo, nadie sabe
qué es lo pequeño y qué lo enorme;
grande puede llamarse a una cereza
( "hoy se caen solas las cerezas",
me dijeron un día, y yo sé por qué fue ),
pequeño puede ser un monte,
el universo y el amor.
Se me había olvidado algo
que había sucedido.
Algo de lo que yo me arrepentía
o, tal vez, me jactaba.
Algo que debió ser de otra manera.
Algo que era importante
porque pertenecía a mi vida: era mi vida.
(Perdóname si considero importante mi vida:
es todo lo que tengo, lo que tuve;
hace ya mucho tiempo, yo la habría vivido
a oscuras, sin lengua, sin oídos, sin manos,
colgado en el vacío,
sin esperanza.)
Pero se me ha borrado
la historia (la nostalgia)
y no tengo proyectos
para mañana, ni siquiera creo
que exista ese mañana (la esperanza).
Ando por el presente
y no vivo el presente
(la plenitud en el dolor y la alegría).
Parezco un desterrado
que ha olvidado hasta el nombre de su patria,
su situación precisa, los caminos
que conducen a ella.
Perdóname que necesite
averiguar su sitio exacto.
Y cuando sepa dónde la perdí,
quiero ofrecerte mi destierro, lo que vale
tanto como la vida para mí, que es su sentido.
Y entonces, triste, pero firme,
perdóname, te ofreceré una vida
ya sin demonio ni alucinaciones.

De "Libro de las alucinaciones" 1964





AMANECER



Imagínate tú...
Imagínatelo tú por un momento.

R. A.





La estrella aún flotaba en las aguas.
Río abajo, a la noche del mar, la llevó la corriente.
Y de pronto la mágica música errante en la sombra
se apagó, sin dolor, en el fresco silencio silvestre.


Imagínate tú, piensa sólo un instante,
piensa sólo un instante que el alma comienza a caerse.
(Las hojas, el canto del agua que sólo tú escuchas:
maravilloso silencio que pone en las tuyas su mano evidente.)

Piensa sólo un instante que has roto los diques y flotas sin tiempo en la noche,
que eres carne de sombra, recuerdo de sombra; que sombra tan sólo te envuelve.
Piensa conmigo «¡tan bello era todo, tan nuestro era todo, tan vivo era todo,
antes que todo se desvaneciese!»

Imagínate tú que hace siglos que has muerto.
No te preguntan las cosas, si pasas, quién eres.
Procura un instante pensar que tus brazos no pesan.
Son nada más que dos cañas, dos gotas de lluvia, dos humos calientes.

(¡Tan bello era todo, tan nuestro era todo, tan vivo era todo!)
Y cuando creas que todo ante ti perfecciona su muerte,
abre los ojos:
El trágico hachero saltaba los montes,
llevaba una antorcha en la mano, incendiaba los bosques nacientes.
El río volvía a mojar las orillas que dan a tu vida.
El prodigio era tuyo y te hacías así vencedor de la muerte.

De "Agenda" 1991



A ORILLAS DEL EAST RIVERS



I

En esta encrucijada,
flagelada por vientos de dos ríos
que despeinan la calle y la avenida,
pisoteada su negrura por gaviotas de luz,
descienden las palabras a mi mano,
picotean los granos de rocío,
buscan entre mis dedos las migajas de lágrimas.


Siempre aspiré a que mis palabras,
las que llevo al papel,
continuasen llorando
-de pena, de felicidad, de desesperanza,
al fin, todo es lo mismo-,
porque yo las había llorado antes;
antes de que desembocasen en el papel blanquísimo,
en el papel deshabitado, que es el morir.
Dejarían en él los ecos asordados, empañados,
de lo que tuvo vida.
Alguien advertiría la humedad de las lágrimas,
lloraría por seres que jamás conoció,
que acaso no es posible que existieran
aunque estuvieron vivos
en el recuerdo o en la imaginación.
Lloraríamos todos por los desconocidos,
los -para mí -difuminados
en la magia del tiempo.


Contra las estructuras
de metal y de vidrio nocturno
rebotan las palabras aún sin forma,
consagradas en el torbellino helado,
y no me hacen llorar.
Yo ya no sé llorar. ¡Y mira que he llorado!

II

Yo ya no lloro,
excepto por aquello que algún día
me hizo llorar:
los aviones que proclamaban
que todo había terminado;
la estación amarilla diluida en la noche
en la que coincidían, tan sólo unos instantes,
el tren que partía hacia el norte
y el que partía hacia el oeste
y jamás volverían a encontrarse;
y la voz de Juan Rulfo: «diles que no me maten»;
y la malagueña canaria;
y la niña mendiga de Lisboa
que me pidió un «besiño».

Yo ya no lloro.
Ni siquiera cuando recuerdo
lo que aún me queda por llorar.

De "Cuaderno de Nueva York" 1998



COPLILLA DESPUES DEL 5º BOURBON

 


Pensaba que sólo habría
sombra, silencio, vacío.
Y murió. Estaba en lo cierto.
El mismo Dios se lo dijo.

De "Cuaderno de Nueva York" 1998