Que el año que termina lo haga con tranquilidad, y el próximo sea en verdad muy propicio para todos.
MÍSTICA DEL TIGRE
EN equilibrio, la línea
del precipicio planicie
camina el tigre tranquilo
en su infinito limítrofe.
El vacío de la sima
atento observa impasible:
la materia de los sueños
frunce en su gesto el tigre.
Contempla sin fin ni espíritu
de provecho los confines
del paisaje, los colores
del silencio en cuyo timbre
amarillo, verde, azul
o ígneo suenan sublime
coro de luz descendiendo
desde el final al origen.
Tesis, antítesis, síntesis,
del pensamiento desfile
que en su aliñada mesura
profundo, sereno, rinde.
Y la selva, en lontananza,
su realidad invisible
en el horizonte muestra,
muestra impertérrito el limen
del más allá, en lejanía
donde el ser se hunde en los límites
que sobre la nada emergen
ajenos, pero partícipes.
De la celeste atalaya,
tras meditar los orígenes
o las formas del vacío,
desciende si egregio, humilde
y, con mirlada mesura
somete la cola al libre
albedrío que enarbola
la excelsitud de su estirpe.
Tocada cerviz y lomo
dorado fiera se finge;
cuello, flancos, vientre, ijares,
zarpas, a la luz persiguen.
Del semmon dojo la sombra
busca sosegado el tigre;
encamina entre bambúes
la grácil silueta insigne,
cuando, de pronto, detiene
el paso, olfatea, sigue
lento, taimado y, de nuevo
quieto, el hielo de su efigie
muestra expectante, implacable:
entre las sombras se finge
un inquieto cervatillo
en la verdura invisible;
la figura del silencio
sobre su víctima incide:
en el ribazo un estrépito,
y la sangre tinta al tigre.
Su lengua lame el vacío
mas, en zazen, apacible,
medita un instante el éxtasis
de su mirífico crimen.


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